Repeladas para revelar toda su
suavidad. Estas almendras, sin piel, se tuestan lentamente y se asocian con sal
marina natural pulverizada, dando lugar a una textura más tersa y delicada, sin
renunciar por ello a su carácter crujiente. Al quitarles la piel, el sabor de
la almendra se muestra más limpio, más puro — sin ninguna nota que lo
distraiga, solo su esencia más gourmet.
Repeladas, más finas, más suaves. La
almendra, en su expresión más elegante, se ofrece desnuda y sin pudor, con su
propio sabor como único vestido.
A l'estil de la iaia.