La almendra repelada nace del mismo cuidado que todas nuestras
almendras, pero sin su piel. Gana en suavidad, revela un color más claro y una
textura delicada, sin perder nada de su sabor ni de su carácter crujiente. Su
versatilidad la convierte en aliada de mil recetas: decora un postre, se
integra en una ensalada, acompaña un aperitivo o se pica fina para tus
elaboraciones más creativas. Práctica y lista para usar, es la almendra pensada
para quienes no quieren límites en la cocina.
Sin piel, sin límites.